Por Bianca Martínez Ph.D.
Uno de los errores más frecuentes de emprendedores y dueños de pequeñas empresas es mezclar el dinero personal con el del negocio. Esto genera confusión, dificulta medir la rentabilidad y, en muchos casos, pone en riesgo tanto las finanzas familiares como la continuidad de la empresa.
Claridad en la rentabilidad: sabes si realmente tu negocio gana o solo “gira dinero”.
Mejor control de gastos: identificas fugas y ajustas presupuestos.
Cumplimiento legal y tributario: reduces riesgos de sanciones o multas.
Mayor confianza: inversionistas, bancos y socios valoran cuentas claras.
Abre una cuenta bancaria exclusiva para tu negocio (aunque seas persona natural con RUC).
Define un sueldo fijo para ti: no retires dinero a discreción, págate como si fueras un empleado.
Registra cada movimiento: usa un Excel simple, un software contable o apps de gestión financiera.
Presupuesta en dos niveles: uno personal (hogar, familia) y otro empresarial (operaciones, inversiones).
Usa tarjetas separadas: evita mezclar consumos personales en la tarjeta de la empresa.
Evalúa trimestralmente: revisa si el negocio realmente financia tu estilo de vida o necesitas ajustar.
Sabes cuánto te cuesta vivir y cuánto debe generar el negocio.
Puedes reinvertir con confianza para crecer.
Te preparas para solicitar financiamiento o atraer inversionistas.
Separar las finanzas no es un lujo, es una regla básica de sostenibilidad. Un emprendedor disciplinado en este punto tiene más claridad, toma mejores decisiones y asegura que su negocio no se convierta en una carga personal.
En Innova & Resulta ayudamos a emprendedores y empresas a implementar prácticas de gestión financiera simples, ordenadas y sostenibles.
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